domingo, 8 de julio de 2018

Carta



 Para Nerea, mi selección.


Hija:
Te escribo esta carta para que la guardes donde escondes tus recuerdos. Quiero que la tengas y cada vez que no esté cerca para abrazarte la leas. Sé que para ti recibir una carta en papel y escrita a mano debe ser una antigüedad, pero para mí era necesario dártela. 

No sé por dónde comenzar, sin embargo, creo que será con el principio. Cuando fuimos con tu mamá al médico y nos dijeron que serías mujer. En ese momento, mi corazón saltó de alegría y vibró como si fuera gol. Siempre quise tener una hija.

Desde que mis compañeros del trabajo, que conocen mi pasión por el fútbol, se enteraron me decían que contigo no iba poder jugar, que jamás correríamos detrás de una pelota, que no podríamos ir al estadio ni que me acompañarías a ver los partidos en casa. Se equivocaron y ahora me gustaría ir puerta por puerta para contarles que el gol que hoy gritaron era tuyo.

La primera vez que vimos un partido de fútbol juntos tenías diez meses de nacida. Estabas sentada en tu mesita de comer y yo veía un partido de Perú, nuestra selección. Tú estabas mordiendo unos fideos cuando de pronto te quedaste hipnotizada mirando el televisor. Comías sin sacar la vista de la pantalla. Pensé que era una idea mía, pero pasó cada vez que ponía fútbol. Ya sé que te he contado esta historia varias veces, pero lo escribo forma parte de nuestra memoria juntos.

Aún recuerdo tu cara de emoción cuando subimos las gradas para entrar al estadio por primera vez. Era un partido de Copa Libertadores y tu sonrisa no cambia en tus mejillas. Ese día ganó nuestro equipo, pero igual quedamos eliminados. Tenías apenas tres años y ya íbamos seguido a jugar al parque.

No siempre fue fácil compartir esta pasión. Un día llegaste llorando del colegio y me asusté mucho. Mientras te consolaba, me miraste y dijiste que lo niños no querían jugar fútbol contigo porque eras una niña. Se me apretó el corazón y recordé lo que me habían dicho mis compañeros de trabajo. Desde esa vez me dediqué a buscar academias donde también haya chicas para que pudieras jugar. Hasta que encontramos a Sungaritos F. C.

El día que llegaste, el entrenador se sorprendió de la habilidad que tenías. Eso no le heredaste de mí. Soy un gran hincha, pero limitado con el balón. Tu primer partido fue emocionante, perdían uno a cero y comenzaste a jugar como no te había visto hasta ese momento. Faltando poco recibiste una pelota antes de entrar al área, te sacaste a la defensa con un amague y pataste. Grité gol como si fuera la Copa del Mundo. No he vuelto a gritar un gol así hasta hoy. Tenías diez años y ya pintabas para crack.
Después de ese partido todos fueron halagos. El entrenador se pasaba diciendo que tenías todo para ser la mejor, que regateabas como nadie y que cuando jugabas con hombres en vez de amilanarte te crecías y hacías caños. Te fue tan bien que hasta te ficharon para nuestro equipo, Sporting Cristal.

Algo que me sorprendió fue que siempre supiste levantarte. Tuviste un esguince, un desgarro, una fisura y estuviste a punto de llegar a fracturarte la pierna. Ibas a patear al arco y la defensa contraria se barrió con las piernas adelante. No pudiste saltar. Te dio de lleno en la pierna. Luego caíste, no podías ponerte en pie, pensé lo peor. Las semanas de recuperación fueron duras, pero pudiste volver para los últimos partidos de la temporada.

Todo lo que te pasó te llevó a este momento. Hace unos meses cuando te convocaron a la selección peruana sub 17, nos abrazamos y lloramos juntos de la felicidad. Te esforzaste mucho, entrenaste el doble y poco a poco fuiste ganándote un espacio. Hasta que te llamaron para jugar el sudamericano clasificatorio al mundial de la categoría. 

Tuve que pedir vacaciones para acompañarte con tu mamá. Lo haríamos siempre. Nos tocó un grupo difícil con Colombia, Brasil, Venezuela y Ecuador. Pudimos clasificar segundos al cuadrangular final. Aún sigo roncó por gritar los tres goles que metiste. En la siguiente fase te tocó junto a Argentina, Uruguay y Brasil. Lo admito no era optimista, pensé que hasta ahí nomás quedamos. Pero no, aunque perdimos con Brasil, le ganamos a Argentina. Qué partido te jugaste. No anotaste, pero diste el pase gol. Se me pone la piel chinita cuando lo recuerdo.

El grito de gol ese día no se compara al de hoy. He escrito esta carta de un tirón por la emoción, recordando todo, cómo comenzaste, cómo has crecido. Se me vino todo a la cabeza cuando marcaste el gol de la victoria. Cuando recibiste la pelota, te hicieron la falta y cobraron penal. Cogiste la pelota y tú misma pateaste. Fue gol. La voz se me apagó y el resto fueron lágrimas. Acabó el partido y seguía llorando. Por primera vez clasificamos a un mundial femenino y con tu gol. Quiero que este momento quede grabado para siempre por eso te lo escribo.

Siempre me has dicho que soy un llorón, sensible y romántico. Sí, tienes razón soy todo eso y más. Hemos peleado muchas veces, pero siempre nos hemos amistado por esta pasión que nos une. ¿Quién dice que es solo fútbol? Tú mejor que nadie sabe que es mucho más. Te amo mucho y tenlo presente.

Un abrazo de gol, 
Tu papá.

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